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Art Studio II

                  El mes pasado hablaba sobre mi experiencia en Londres y ahora comentaré sobre otra ocasión en la que estudié pintura. Pasaron años y volví a otra facultad de Bellas Artes, gracias a una beca del gobierno japonés, dentro de una universidad dedicada a las artes escénicas, la música, la pintura, la escultura, el diseño, la danza y la música entre otras disciplinas. Estaba ubicada en Naha, Okinawa.                       

Mi espacio en Okinawa Kenritsu Geijutsu Daigaku.
Mi espacio en Okinawa Kenritsu Geijutsu Daigaku.

                  Y volví a tener la oportunidad de disponer de un pequeño estudio donde desarrollar mis trabajos. Aquí compartiamos grandes aulas de techos altos, con mucha luz. El suelo era de parquet y se agradecía porque pasabamos gran parte del día de rodillas o sentados para poder pintar y dibujar. Era un concepto diferente de ejecución de una obra enraizado en la tradición japonesa.

Degree show, Naha 2004.
Degree show, Naha 2004.

                  Además, así como en Middlesex nos visitaban exalumnos que ya habían hecho algo de carrera para contarnos su evolución, aquí venían profesores de otras facultades. Soliamos tener tutorías con ellos, casi llegaban a ser examenes, y nos ayudaban a completar una obra con sus críticas constructivas. En alguna ocasión el profesor visitante proponía un ejercicio y luego se ponía en común la evaluación. 

                  En general el contacto con los profesores era contínuo. Incluso, podíamos ir a sus oficinas donde tenían su propio estudio y nos mostraban sus trabajos.

                    

Con los profesores y compañeros de la especialidad de pintura en Okinawa Geijutsu Daigaku, la Universidad de Bellas Artes de Okinawa, 2004.
Con los profesores y compañeros de la especialidad de pintura en Okinawa Geijutsu Daigaku, la Universidad de Bellas Artes de Okinawa, 2004.

                  Me costó acostumbrarme al nivel de exigencia japonés que casi obligaba a continuar en la facultad en verano, pero me sentí satisfecha de poder responder con ilusión y entrega a mis estudios. Recordé mucho Quicksilver place, en Londres, distinta arquitectura, distinta cultura, distintos horarios, pero un mismo objetivo: poder llegar a transmitirnos no solo conocimientos sobre técnicas sino sobre el hecho creativo y su proyección en el desarrollo de una obra, es decir formarnos como artistas.

                     Me siento muy agradecida por el trato recibido en esta universidad japonesa, tanto de los alumnos como de los profesores que tuvieron la paciencia de enseñarme.

Con compañeras de la especialidad.
Con compañeras de la especialidad.

                          Fue interesante visitar en algún descanso a los estudiantes de otras aulas. Estabamos divididos según cursos y especialidades, pero también estabamos comunicados. Unos estudiabamos pintura japonesa y otros al óleo. Yo paseaba de vez en cuando por otros estudios pero no tenía mucho tiempo porque la dedicación a mi pintura debía ser muy exigente.

En Geidai, con compañeras de clase en un rato de descanso, en 2002.
En Geidai, con compañeras de clase en un rato de descanso, en 2002.

                  Ahora pienso que era un tiempo precioso, un privilegio de la vida pues cursé el master cuando ya había finalizado en España mi doctorado y hacía más de diez años que había finalizado mis estudios en Middlesex. La mentalidad logicamente tenía que cambiarla y adaptarla al estilo de vida japonés. Debía comprender que era una estudiante más de arte aunque ya hubiera superado los estudios de doctorado en España.                                                              

                    Tanto en Londres como en Japón esta adaptación y fusión con culturas diferentes han sido retos muy influyentes en mi vida. Anteriormente ya tuve oportunidad de experimientar este desafío en Estados Unidos, durante un curso de acuarela en Evanston Art Center, cerca de Chicago. También guardo un grato recuerdo de aquel aprendizaje, y no por ser una estancia más corta, de tres meses, dejó de tener impacto en mi.  He tenido, ciertamente, grandes oportunidades de estudiar en épocas en las que aún viajar para quedarse, aprender en otro idioma y graduarse u obtener certificados no era tan usual como ahora. Noto así el paso del tiempo y valoro con mayor visión global mis esfuerzos.

                  

© Imágenes Isabel Jiménez

                  Me pregunto por qué habiendo la tradición pictórica y la buena metodología en las facultades españolas, no se disponía de un sistema de enseñanza como el de Inglaterra y Japón. Creo que la idea de taller o estudio se confunde, un poco, en nuestro país, con un aprendizaje tradicional renacentista, temiendo así que el alumno se encasille en formas de hacer y pensar antiguas. 

                  Claro está que aquí somos muchos y se obliga al alumno a ser un nómada dentro de la propia facultad, del aula de dibujo al aula de pintura, del aula de grabado al aula de diseño, del aula de historia al aula de escultura, de la facultad a casa. Creo que para los profesores es difícil evaluar. Recuerdo reuniones con algunos de ellos que me sirvieron y ayudaron. También recuerdo alguna exposición y presentación ante el grupo de clase sobre nuestros trabajos. 

                     En mi opinión una facultad de Bellas Artes necesita ser como un nido donde el estudiante se encuentre protegido a la vez que se le exige lo máximo y se le dirige de la mejor manera. Esto puede incluir todo tipo de manifestaciones artísticas, las instalaciones, los performance, la escultura, la pintura, el grabado, la ilustración, etc. No solo es válido para aprender técnicas tradicionales sino que al estudiante se le dan las herramientas para poder desarrollarlas y potenciarlas. En realidad no debería haber barreras entre una formación en Artes y Oficios y otra en Bellas Artes, se solapan tanto que es bueno pensar desde los espacios comunes.

Estudio en Valencia
Estudio en Valencia

                    Bueno, y todas estas reflexiones me hacen recordar mis comienzos. Me remonto al segundo año de carrera en España. Esta imagen es de mi estudio en Valencia, cuando todavía era estudiante. Se hizo necesario un espacio distinto al de la casa para poder trabajar y realizar todos los proyectos. Era especial ir al estudio y centrarse, apartándose de lo cotidiano y a la vez formando parte de ello. Ahora miro estas fotos y pienso que tiene mucho valor ese tiempo en el que podemos desarrollar nuestra obra. Aquella frase famosa "El tiempo es oro" cobra verdadero sentido hoy en día. Y reconozco una vez más que el espíritu creativo siempre estuvo en mi.

 

Imágenes y texto: ©  Isabel Jiménez. Consulte, por favor, en caso de querer hacer uso de fotografías o citar parte del artículo.

 

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