Entre la Abstracción y la Figuración

Esta serie de pinturas se reunen bajo el título "Autorretrato" y la realicé entre 1994 y 1996. Principalmente son cuadros pintados al óleo que combino con el collage y otros materiales. Con estas pinturas trato de expresar sentimientos como la angustia, la decepción y desilusión o el dolor. Todos ellos difíciles de experimientar o sobrellevar pero que a través de la realización de la obra, e incluso de su observación, se atenúan.

 

Como siempre, en los lienzos existen referencias a los momentos vividos paralelamente. Es decir el carácter autobiográfico está presente en la obra pero no es determinante sino que los propios materiales y pinceladas van conformando las imagenes. El resultado es una simbiosis entre realidad y ensoñación siendo mis sentimientos, extensibles hacia los de otras personas, los protagonistas.

Para realizar estas pinturas aparte del óleo empleé materiales que en un principio parecen ajenos a la obra pero que, una vez incorporados, se unen formando parte del mismo proceso de expresión. Entre estos materiales se encuentran por ejemplo el hilo, la cuerda y la tela.

 

Recurro a la costura o la labor descontextualizándola de su utilidad rutinaria para con ella poder crear un microcosmos dentro de la superficie pictórica. Estos pequeños mundos continúan así siendo expresión del contenido simbólico de la obra.

 

Automarginación,  óleo e hilo, 130 x 135 cm.
Automarginación, óleo e hilo, 130 x 135 cm.

En la serie aparece varias veces la referencia al cambio, a la metamorfósis, a través de imágenes de insectos o formas en movimiento. Concretamente en esta obra: “Automarginación”, empleo la mascara como símbolo de la ocultación de nuestros sentimientos lo cual ha sido necesario en muchos casos para las mujeres.

 

Las mujeres, en muchos casos, han silenciado sus experiencias y relaciones, siendo relegadas social y familiarmente. Los motivos han podido ser varios, por discriminación de género o por relegación social, siendo su libertad puesta en entredicho y su personalidad anulada. Es necesaria entonces una revolución interior un cambio que la haga más fuerte y autodeterminante.

 

 

Adolescencia, óleo y lana, 130 x 135 cm.
Adolescencia, óleo y lana, 130 x 135 cm.

A menudo estos cambios comienzan a producirse en la adolescencia o a ser deseados durante esos años en los que se conforma nuestra personalidad. Sin embargo, no siempre es posible pues para que una mujer sea aceptada tal y como es, el apoyo del entorno familiar y social es fundamental.

 

Pero si aún no es mujer, que se trata tan solo de un “proyecto de mujer”, los condicionamientos sociales y culturales pueden deconstruir una y otra vez cualquier afán de autosuperación y autoaprendizaje y, por lo tanto, de conformación de algo tan valioso como la personalidad propia.

 

Este hecho por supuesto que no es exclusivo de la mujer, a cualquier persona sea mujer u hombre puede ocurrirle. La sensibilidad no es propia de un género u otro como tampoco son innatas las posturas machistas en un sexo u otro. Las mujeres a lo largo de la historia también han aceptado someterse al dictamen machista y victimizar a otras mujeres de su entorno o su núcleo familiar.

 

En esta obra titulada precisamente “Adolescencia” aparece solo la mitad del cuerpo de una mujer ya desarrollada. La ausencia del torso y la cabeza aluden a como es coartada su libertad. Otra figura, la de una niña con alas de ángel parece que flota en la superficie. Esta es la niña que vamos dejando para poder convertirnos en adultas pero que siempre, de algun modo, permanece en nuestro interior.

También en el fondo podemos ver, si prestamos atención, una figura escondida que parece un insecto. Alrededor de ella se dispersan unos círculos rojos que surgen del pezón de la mujer. Estas formas circulares rojas son fruto de la fragmentación corporal y dispersion psíquica. Los pechos son representados inconexos, irreales, solo sugeridos como parte de un cuerpo del que aún no somos conscientes.

 

 

Un sueter diminuto tejido a mano y colgado en el lienzo nos recuerda a esa segunda piel en la que nos refugiamos y que simboliza la apariencia tras la cual escondemos nuestros deseos o sueños, porque son juzgados como transgresores de la norma.

 

 

Incomprensión,  óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.
Incomprensión, óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.

La idea del cuerpo fragmentado se fusiona con la de la niñez destruida o poco vivida que aparece representada por figuras sin cabeza, con grandes ojos, casi como los de un insecto, que representa un ser mitad muñeca, mitad niña. Esta figura la podemos ver en “Incomprensión” bajo un autorretrato que expresa irritación y perplejidad.

 

Otras representaciones en esta pintura flotan en la superficie. Una habitación que es al mismo tiempo ventana a otro mundo, otro paisaje. En ella una niña mira por esa ventana mientras sostiene una gran telaraña. Un oso de peluche abandonado en una esquina simboliza el recuerdo de la infancia.

 

 

 

Todo es presenciado por una figura fantasmagórica; un rostro afable de mujer que representa madura, liberada del tormento y la incomprensión. Aparece velada y mirando hacia otro lado porque en realidad  esta recordando más que observando.

Metamorfósis, óleo, escayola y madera  sobre tabla, 68 x 102 cm.
Metamorfósis, óleo, escayola y madera sobre tabla, 68 x 102 cm.

En esta obra la textura es un símbolo de las marcas que produce el paso del tiempo en el espíritu. Las experiencias se acumulan sin pasar en vano. Su influencia en nosotros puede ser positiva o negativa pero siempre quedará grabada en nuestra psique. De nuevo el insecto hace referencia a los cambios en nosotros.

 

En "Metamorfósis" parece que me he sumergido bajo el mar y una versión de mi misma como sirena está observando mis cambios complaciente.

La Huella, óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.
La Huella, óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.

En “La Huella” el lienzo es perforado por tornillos sujetos con tuercas. Literalmente sujetan una huella, la que dejamos al caminar y crecer. La pierna de una niña aparece herida en la parte inferior del cuadro. Lleva un zapato infantil y un calcetín. El cuerpo fragmentado también tiene un alto contenido simbólico en esta pintura. Todo el dramatismo de la obra se libera a través del fondo donde parece que se ha desatado una tormenta.

 

La Herida,  técnica mixta sobre lienzo, 130 x 135 cm.
La Herida, técnica mixta sobre lienzo, 130 x 135 cm.

"La Herida" es la obra en la que el dolor se hace más evidente. Dos cuadros sobre el lienzo representan, de modo abstracto, las heridas. El cuerpo fragmentado, a veces velado, vuelve a aparecer. También el insecto que indica se está produciendo un cambio. El fondo está lleno de alusiones a los procesos de destrucción y construcción; cortes en el lienzo, agujeros realizados con tornillos, chorretones de pintura controlados que parecen producto de las heridas, veladuras que crean capas como pieles superpuestas.

La Mentira,  óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.
La Mentira, óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.

En esta pintura vuelve con fuerza la presencia de la infancia, del recuerdo de la niñez. El oso de peluche, la alusión a Pinocho, las burbujas que son como pompas de jabón, todo ello envuelto en tonalidades claras, rosaceas y calidas. Pero también se percibe cierta acidez y sarcasmo. De hecho se titula "La Mentira".

 

Los objetos adheridos a la superficie son como los micromundos del subconsciente. Ventanas a los verdaderos sentimientos que dan nacimiento a la obra. Una caja oxidada guarda una bolsa con cabello que representa el paso del tiempo. En un bastidor cubierto de tela pueden verse dos aberturas, con los bordes cosidos. A través de ellas se entrevé otro plano. Así van acumulandose los recuerdos y para llegar a ellos a veces tenemos que reabrir heridas y urgar en el pasado.

“Ensoñación”, óleo sobre lienzo,  130 x 135 cm.
“Ensoñación”, óleo sobre lienzo, 130 x 135 cm.

“Ensoñación” es una composición más teatral, con Venecia como escenario de fondo que inspira la imaginación. La figura central es un autorretrato en una barca. El poste central de madera se alza casi como un totem que encubre el falo como símbolo de la supremacía masculina. A lo largo de la historia la mujer se ha visto supeditada a su compañero, su hermano o su padre. En algunas sociedades y culturas aún permanece esta modo de vida. En la imagen la pequeña figura con forma de hada está pendiendo de un hilo, reflejando la inseguridad que puede provocar en la mujer la dependiencia del sexo opuesto. Pero es representada a la vez como un ser que acompaña que acompaña a la mujer del cuadro y le aporta esperanza.